La Consulta: Clave en Cirugía Plástica
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Las llamadas “marcas de fresa” son una visión común en muchos recién nacidos y bebés. Estas lesiones, conocidas médicamente como hemangiomas infantiles, suelen ser motivo de curiosidad y, en ocasiones, de preocupación para los padres. Aunque la gran mayoría de estos crecimientos son benignos y tienden a desaparecer por sí solos con el tiempo, existe un subgrupo que puede presentar complicaciones y requerir intervención médica. La pregunta que muchos padres se hacen es: ¿se puede y se debe operar un hemangioma? La respuesta es compleja y depende de una evaluación cuidadosa por parte de especialistas, ya que la cirugía es solo una de las herramientas disponibles en el arsenal terapéutico actual.

Un hemangioma infantil es el tipo más frecuente de tumor benigno (no canceroso) en la infancia. Se trata de una acumulación de pequeños vasos sanguíneos que crecen de forma anómala bajo la piel. Su apariencia puede variar: algunos son superficiales, con un color rojo brillante y una textura similar a la de una fresa, mientras que otros son más profundos, manifestándose como un bulto azulado bajo la piel. También existen hemangiomas mixtos, que combinan ambas características.
Según estudios recientes, se estima que aproximadamente uno de cada veinte niños nace con un hemangioma, y esta cifra parece estar en aumento. Aunque la causa exacta sigue siendo un misterio, se han identificado ciertos factores de riesgo:
Es importante destacar que estos son solo factores de riesgo, y muchos niños que no cumplen ninguna de estas condiciones también pueden desarrollar hemangiomas. El ciclo de vida típico de un hemangioma implica una fase de crecimiento rápido durante el primer año de vida, seguida de una fase de involución lenta en la que la lesión se reduce y palidece gradualmente a lo largo de varios años.
La gran mayoría de los hemangiomas no suponen ningún peligro para la salud del niño. Sin embargo, hay situaciones específicas en las que estas lesiones pueden causar complicaciones serias y requieren una evaluación y tratamiento urgentes por parte de un especialista. Estas son las principales señales de alarma:
Sí, un hemangioma se puede operar. La extirpación quirúrgica, o escisión, es una opción de tratamiento válida, pero no es adecuada para todos los casos. La cirugía se plantea principalmente cuando el hemangioma genera un problema de salud concreto (como los mencionados anteriormente) o una alteración estética severa que no responde a otros tratamientos.
La decisión de operar la toma un equipo de especialistas, que suele incluir a un cirujano plástico pediátrico y un dermatólogo. Se consideran factores como el tamaño, la ubicación, la fase de crecimiento del hemangioma y el impacto que está teniendo en el niño. La cirugía puede ser la mejor opción para hemangiomas ulcerados que no cicatrizan, aquellos que dejan un tejido residual fibroso y graso después de involucionar, o los que obstruyen una función vital y no responden a la medicación.
En la última década, el tratamiento de los hemangiomas ha experimentado una revolución. La cirugía ya no es la única ni la primera opción en muchos casos. Hoy en día, existen alternativas muy eficaces y seguras:
| Tratamiento | Ideal para… | Ventajas | Consideraciones |
|---|---|---|---|
| Cirugía (Escisión) | Lesiones que causan problemas funcionales, ulceradas, o tejido residual post-involución. | Eliminación completa e inmediata de la lesión. | Invasivo, requiere anestesia general, deja cicatriz. No todos son candidatos. |
| Medicamentos (Orales/Tópicos) | Hemangiomas en fase de crecimiento, complicados o con riesgo de desfiguración. | Muy eficaz, no invasivo, puede evitar la cirugía. | Requiere supervisión médica estricta para controlar posibles efectos secundarios. |
| Terapia Láser | Lesiones superficiales, úlceras, o vasos sanguíneos residuales (rojeces). | Mejora el color y la textura de la piel. Mínimamente invasivo. | Puede requerir varias sesiones. No es efectivo para hemangiomas profundos o en crecimiento activo. |
La investigación ha demostrado que la fase de crecimiento más rápida de un hemangioma ocurre durante las primeras ocho semanas de vida. Esto significa que la ventana de oportunidad para intervenir y modificar su curso es muy temprana. Si se puede iniciar un tratamiento durante este período crítico, es mucho más probable obtener un mejor resultado a largo plazo, minimizando tanto las complicaciones funcionales como las secuelas estéticas.
Por esta razón, si un bebé presenta un hemangioma que parece grande, de crecimiento rápido o está en una ubicación de riesgo, es fundamental solicitar una evaluación temprana por parte de un especialista. Idealmente, esta consulta debería ocurrir dentro del primer mes de vida del niño.

El manejo óptimo de los hemangiomas infantiles, especialmente los complicados, rara vez recae en un solo médico. La mejor atención se logra a través de un enfoque multidisciplinario, con un equipo de expertos que colaboran para ofrecer un plan de tratamiento integral y personalizado. Este equipo puede incluir:
Este trabajo en equipo asegura que se consideren todos los aspectos de la salud del niño, garantizando el tratamiento más seguro y efectivo posible.
No. Aunque la mejora estética es a menudo un resultado deseado, la cirugía se indica con frecuencia por razones médicas y funcionales, como restaurar la visión, facilitar la respiración o la alimentación, o tratar una úlcera que no cura.
La mayoría inicia un proceso de involución y desaparición lenta. Sin embargo, algunos pueden causar problemas graves antes de que esto ocurra, y otros pueden dejar cambios permanentes en la piel, como tejido cicatricial o piel flácida, que pueden requerir corrección quirúrgica más adelante.
El primer paso es consultar con el pediatra, quien puede derivar al niño a un dermatólogo pediátrico o a una clínica especializada en anomalías vasculares, donde un equipo multidisciplinario evaluará el caso.
Cualquier intervención, incluida la cirugía, conlleva el riesgo de dejar una cicatriz. Sin embargo, el objetivo del tratamiento es lograr un resultado funcional y estético superior al que se obtendría si se dejara que el hemangioma siguiera su curso natural sin control.
Los medicamentos utilizados actualmente se consideran bastante seguros y eficaces cuando son administrados por un especialista con experiencia. Como cualquier fármaco, pueden tener efectos secundarios, por lo que es crucial un seguimiento médico cercano para monitorizar al niño durante el tratamiento.
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