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La reconocida conductora y actriz Carmen Barbieri ha vuelto a poner sobre la mesa un tema de salud que afecta a miles de personas, pero del que a menudo se habla poco: el herpes zóster, popularmente conocido como culebrilla. Su reciente revelación sobre un nuevo brote en la zona del cuello, sumado a un historial de episodios severos, nos invita a profundizar no solo en la enfermedad en sí, sino también en sus implicaciones estéticas y funcionales, un área donde la medicina estética y la cirugía plástica pueden jugar un papel crucial en la recuperación.
El herpes zóster es una infección viral que provoca una erupción dolorosa de ampollas en la piel. No es un virus nuevo que se contrae, sino la reactivación del virus de la varicela-zóster, el mismo que causa la varicela en la infancia. Después de que una persona se recupera de la varicela, el virus no desaparece del cuerpo; permanece inactivo en el tejido nervioso cerca de la médula espinal y el cerebro. Años más tarde, por diversas razones como el estrés, la edad avanzada o un sistema inmunológico debilitado, el virus puede ‘despertar’ y viajar a lo largo de las fibras nerviosas hasta la piel, causando la culebrilla.

Como bien describió Carmen, los síntomas iniciales suelen ser confusos: un dolor, ardor, hormigueo o picazón en un área específica de la piel, generalmente en un solo lado del cuerpo. Días después, aparece la característica erupción de ampollas. En el caso de la conductora, el dolor en el oído fue una señal de alerta, indicando la afectación de un nervio en esa zona.
La experiencia de Barbieri es un claro ejemplo de la severidad que puede alcanzar esta condición. Ella misma relató el antecedente de 2020, un episodio que le afectó la zona del ojo y que describió con crudeza: “Una noche me dormí y al otro día era un monstruo… por donde pasó me arruinó. Me tocó los filamentos nerviosos, por eso me duele la cara, me duele el ojo”.
Este testimonio es fundamental para entender que el herpes zóster no es simplemente una ‘erupción cutánea’. Cuando afecta los nervios faciales, especialmente la rama oftálmica del nervio trigémino, las consecuencias pueden ir desde dolor crónico (neuralgia postherpética) hasta complicaciones visuales graves y secuelas estéticas significativas. El estrés, que ella misma menciona como un “estrés por disgusto”, es un factor desencadenante documentado, debilitando el sistema inmunológico y abriendo la puerta a la reactivación viral.
Aquí es donde el campo de la cirugía plástica y la medicina estética cobra una relevancia especial. Las lesiones de la culebrilla, al ser ampollas que luego forman costras, pueden dejar cicatrices permanentes si no se cuidan adecuadamente o si la infección es muy profunda. En el rostro, estas cicatrices pueden ser particularmente notorias, afectando la autoestima del paciente.
Carmen Barbieri mencionó la creencia popular de curar la culebrilla con “tinta china” o rezos, pero sabiamente recalcó: “Y no hay que abandonar al médico”. Este es el mensaje más importante. Si bien la gestión del estrés y el bienestar emocional son importantes, el tratamiento médico temprano es la única forma comprobada de reducir la severidad del brote y minimizar el riesgo de complicaciones.
| Tratamiento Médico (Recomendado) | Creencias Populares (No recomendado como tratamiento único) |
|---|---|
| Antivirales: Fármacos como aciclovir o valaciclovir, tomados dentro de las primeras 72 horas, acortan la duración y la gravedad del brote. | Aplicación de tinta china para ‘cortar’ el avance de la culebrilla. |
| Analgésicos y Antiinflamatorios: Para controlar el dolor agudo, que puede ser muy intenso. | Rezos o rituales para ‘curar’ la enfermedad. |
| Cremas y Cuidados Tópicos: Para mantener la zona limpia, prevenir infecciones bacterianas secundarias y aliviar la picazón. | Uso de hierbas o ungüentos caseros sin validación científica. |
| Vacunación: Existe una vacuna altamente efectiva para prevenir el herpes zóster en adultos mayores de 50 años. | Creer que la erupción no puede cruzar la línea media del cuerpo o que si lo hace es mortal (un mito). |
Sumado al herpes zóster, se supo que la conductora fue hospitalizada por un “infarto chiquitito”. Aunque los estudios posteriores mostraron que su corazón estaba en buen estado, este evento subraya un punto vital en cualquier evaluación médica, incluyendo la de la cirugía plástica: la salud integral del paciente. Antes de cualquier procedimiento estético electivo, un cirujano plástico responsable realiza una evaluación exhaustiva del estado de salud general. Un antecedente cardíaco, por reciente o menor que sea, es un factor determinante para evaluar los riesgos anestésicos y la capacidad del cuerpo para recuperarse de una cirugía. La prevención y el conocimiento del propio cuerpo son fundamentales.

Una persona con herpes zóster puede transmitir el virus de la varicela-zóster a alguien que nunca ha tenido varicela o no ha sido vacunado contra ella. El contagio se produce por contacto directo con las ampollas abiertas. La persona expuesta desarrollaría varicela, no culebrilla.
No siempre. Si el brote es leve y se cura sin complicaciones ni infecciones secundarias, puede no dejar marcas. Sin embargo, en brotes severos, especialmente en la cara o si las ampollas se rascan, el riesgo de cicatrices permanentes es alto.
Sí. La vacuna Shingrix es altamente recomendada para adultos de 50 años en adelante, incluso si ya han tenido culebrilla, para prevenir futuros episodios y reducir drásticamente el riesgo de neuralgia postherpética.
El diagnóstico y tratamiento inicial suele hacerlo un médico de atención primaria o un dermatólogo. Si afecta el ojo, es crucial la intervención de un oftalmólogo. Para el dolor crónico, un neurólogo o especialista en dolor. Y para las secuelas estéticas o funcionales (cicatrices, parálisis), el cirujano plástico y reconstructivo es el profesional indicado.
El caso de Carmen Barbieri nos recuerda la importancia de escuchar a nuestro cuerpo, no subestimar los síntomas y buscar siempre atención médica calificada. Su valentía al compartir su experiencia sirve como una poderosa lección sobre una enfermedad que va mucho más allá de la piel, afectando la calidad de vida y, en muchos casos, dejando huellas que requieren de la ciencia y el arte de la medicina reconstructiva para ser sanadas.
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