Cirugía de Mandíbula: Guía Completa de Precios y Procedimiento
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La pérdida de una o varias piezas dentales es un evento que va más allá de la simple ausencia de un diente. Desencadena una serie de cambios biológicos en la boca, afectando tanto a los tejidos blandos (encías) como a los duros (hueso). Una de las consecuencias más significativas y menos conocidas por el público general es la formación y modificación del reborde residual. Comprender qué es, cómo evoluciona y por qué es tan importante, resulta fundamental para el éxito de futuros tratamientos rehabilitadores como los implantes dentales o las prótesis fijas.

Para entender el reborde residual, primero debemos hablar de la apófisis alveolar. Esta es la porción de los huesos maxilares (superior e inferior) cuya única función es formar y sostener los alveolos, las cavidades donde se alojan las raíces de los dientes. La existencia y preservación de esta estructura ósea dependen directamente de la presencia de los dientes. Cuando un diente se pierde, ya sea por una extracción, un traumatismo o una enfermedad periodontal avanzada, la apófisis alveolar pierde su propósito en esa zona.
El cuerpo, en su infinita eficiencia, inicia un proceso de remodelación y reabsorción de este hueso que ya no es necesario. El resultado de este proceso es el reborde residual: la estructura ósea y de encía que permanece en una zona edéntula (sin dientes) después de que el alveolo ha cicatrizado y el hueso se ha remodelado. Este reborde es la nueva base sobre la cual se planificarán futuras restauraciones.
Inmediatamente después de una extracción, el alveolo se llena de un coágulo de sangre que dará paso a la formación de hueso nuevo. Sin embargo, este proceso no restaura el volumen original. La evidencia científica es clara: se produce una pérdida dimensional significativa del reborde, un colapso que es tanto horizontal (en anchura) como vertical (en altura).
Estudios clínicos han demostrado que, durante los primeros 6 meses tras una extracción, la cresta alveolar puede experimentar una reducción media de:
Este cambio provoca que el centro del reborde se desplace hacia el interior de la boca (hacia el paladar o la lengua), alterando la arquitectura natural de la encía y el hueso, lo que puede generar importantes desafíos estéticos y funcionales.
Los rebordes residuales no son todos iguales. Su morfología final depende de múltiples factores como la anatomía original del paciente, la causa de la pérdida dental, el tiempo transcurrido y si se realizaron procedimientos para minimizar la reabsorción. Se pueden clasificar según su forma o según el tipo de defecto que presentan.
Estudios tomográficos han permitido identificar diferentes formas geométricas predominantes en los rebordes residuales, siendo las más comunes la ovoide, la triangular y la cuadrada. La prevalencia de estas formas varía entre el maxilar superior y el inferior.
| Maxilar | Forma y Tamaño | Prevalencia |
|---|---|---|
| Superior | Ovoide Grande | 48.6% |
| Triangular Grande | 42.9% | |
| Triangular Mediano | 4.3% | |
| Cuadrado Grande | 2.9% | |
| Ovoide Mediano | 1.4% | |
| Inferior | Ovoide Grande | 93.8% |
| Cuadrado Grande | 6.2% |
Esta información es de gran relevancia clínica, especialmente en la planificación de implantes dentales, ya que la forma del arco influye en la distribución de las fuerzas masticatorias sobre las restauraciones.
El Dr. Jay Seibert, en 1983, propuso una clasificación muy utilizada para describir los defectos del reborde según la dimensión perdida:
Un reborde alveolar deformado o con poco volumen es un desafío mayúsculo para el odontólogo. Las consecuencias son directas sobre el tratamiento:
Afortunadamente, la odontología moderna cuenta con un arsenal de técnicas para manejar los defectos del reborde, ya sea previniendo su formación o reconstruyéndolos una vez establecidos. El objetivo siempre es crear una base de tejido duro y blando adecuada para una rehabilitación estética y funcional.
La mejor estrategia es actuar en el momento de la extracción. La preservación de alveolo o de la cresta es un conjunto de procedimientos cuyo objetivo es minimizar la reabsorción ósea post-extracción. La técnica generalmente implica:
Este procedimiento ayuda a mantener un volumen óseo y gingival mucho más favorable para la futura colocación de un implante.
Cuando el defecto ya está establecido, es necesario recurrir a técnicas de aumento de reborde. Estos procedimientos quirúrgicos buscan reconstruir el volumen perdido y pueden enfocarse en los tejidos blandos, los tejidos duros, o ambos.
En defectos leves o cuando se busca mejorar el perfil estético para una prótesis fija, se pueden utilizar injertos de tejido conectivo. Estos se obtienen habitualmente del paladar del propio paciente y se colocan bajo la encía de la zona del defecto para aumentar su grosor y volumen. Esto mejora el contorno gingival y crea la apariencia de que el diente protésico emerge de forma natural.
Para defectos moderados a severos, o cuando se planea colocar implantes, es indispensable reconstruir el hueso. La técnica más común es la Regeneración Ósea Guiada (ROG), que utiliza materiales de injerto óseo y membranas para crear y mantener un espacio donde el propio cuerpo del paciente pueda formar hueso nuevo. Existen diferentes tipos de injertos óseos:
| Tipo de Injerto | Origen | Ventajas | Desventajas |
|---|---|---|---|
| Autoinjerto | Del propio paciente (mentón, rama mandibular, cadera) | Considerado el “Gold Standard”. Osteogénico, osteoinductivo y osteoconductivo. Sin riesgo de rechazo. | Requiere una segunda zona quirúrgica. Cantidad limitada. Rápida reabsorción. |
| Aloinjerto | De otro individuo de la misma especie (banco de huesos) | No requiere zona donante. Disponible en grandes cantidades. | Solo osteoconductivo. Potencial de transmisión de enfermedades (mínimo con los procesamientos actuales). |
| Xenoinjerto | De otra especie (generalmente bovino o porcino) | Tasa de reabsorción muy lenta, mantiene bien el volumen. Biocompatible. | Solo osteoconductivo. |
| Aloplástico | Material sintético (hidroxiapatita, fosfato tricálcico) | Sin riesgo biológico. Disponibilidad ilimitada. | Variable en su capacidad de ser reemplazado por hueso propio. Principalmente osteoconductivo. |
En casos más extremos, se pueden emplear técnicas avanzadas como la expansión de cresta, la distracción osteogénica o el uso de bloques de hueso autólogo fijados con tornillos.
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